Decía Gao Xingjian, nobel de literatura del 2000, que la locura es innata en el hombre por lo que no debería extrañarnos que en algún momento brote en nosotros. Ese momento le llegó a Álvaro Sánchez un 31 de marzo de 1914. Sobre su débil lucidez cayó todo el peso de la obra literaria mas universal, manchega, como él y la tierra que moraba y habitaba. Su lucidez se tornó locura y Älvaro se convirtió en un nuevo hidalgo manchego que quería recorrer los caminos desfaciendo entuertos. En ello estaba cuando en su camino se cruzó Pablo, un vecino, al que confundió con un gigante malandrin y lo embistió. Como no tenía Sancho que le advirtiera que no era un gigante sino un vecino tuvieron que ser varios los que acabaran con su ímpetu embestidor acabando el loco "hidalgo" detenido y preso.
El poeta madrileño José Hierro dedica unos versos a su amigo Eulalio Ferrer, quijotesco y trasterrado (exiliado) que, salvando las referencias geográficas bien podría servir a nuestro nuevo hidalgo manchego.
He aquí el reverso del tapiz. La vida
tiene el mismo vellón en igual rueca.
Esta es la Mancha aquella, vasta y seca,
aunque hoy está de flamboyán vestida.
Sangra el ocaso por la misma herida.
Quema el cura –el chamán– mi biblioteca.
Hoy los gigantes son de piedra olmeca.
Ayer, de cal y de viento sin brida.
Ya no cabalgo sino en Clavileño.
Rocinante era real, y esto es un sueño
soñando en el fanal que el tiempo empaña.
Y aquí estoy, destiempado, en duermevela,
soñando con Malinche de canela,
mi Dulcinea de la Nueva España.
Os dejo el ejemplar de "La Correspondencia de España" donde se publicó la noticia que nos ocupa.



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